No llevaba gabardina en verano, sino una chaqueta, jeans y tenis. Tampoco llevaba mochila y ni siquiera parecía tener prisa. Debía tomar el metro en Brixton pero el viernes esa estación estaba cerrada, así que decidió hacerlo en Stockwell. Compró su billete como cualquier otro viajero y se detuvo para coger un periódico gratuito buscando, es de suponer, una forma de distraerse durante su recorrido.

Corrió por el andén cuando vio que un tren se acercaba. Montó en el vagón y hasta pudo sentarse tranquilamente en uno de los asientos. Segundos después, Jean Charles de Menezes yacía en el piso sin vida, siete disparos en la cabeza y uno en el hombro fueron más que suficientes.

Era brasileño, electricista, viviendo como muchos otros inmigrantes en Londres. ¿Por qué murió Jean Charles de Menezes?. ¿Acaso por tener cara de Mohamed cuando debía parecerse a Ronaldinho?.

Ahora que sabemos que han mentido en todos y cada uno de los detalles que dieron de esta ejecución (porque fue la ejecución sumaria de un inocente, ni mas ni menos), ¿Dónde quedan las voces que alababan la contundencia policial londinense?. Como nos guardamos las justificaciones: ¡Si corrió es porque no era una persona inocente!, ¿Qué hacemos con la manida frase de que la seguridad está por encima de los “daños colaterales”?.

No se lo que opinarán aquellos que creen que en el nombre de la seguridad todo vale. A la luz de la verdad, a lo mejor encuentran alguna otra justificación. Sin embargo, yo que ellos estaría preocupada, un día cualquiera te puedes despertar con cara de ser lo que en realidad no se es y… Bang... Bang... Bang… Te transformas en una víctima colateral en la guerra del terror. Cuando la orden es a matar sin contemplaciones, todo entra dentro del terreno de lo posible.

Por mi parte no quiero esta seguridad, mucho menos esta "contundencia policial" y espero por lo menos, que quienes tienen que hacer cumplir las leyes, no se comporten como forajidos en una película de Sergio Leone yendo a la caza del hombre para realizar una ejecución pública ante los atónitos ojos de los viajeros de un tren cualquiera.

Si nos acostumbramos a esto, si este tipo de actos no generan consecuencias, entonces si, aquellos a los que decimos combatir con semejantes métodos habrán ganado la batalla. Y es que a nuestro temor al atentado, habrá que sumarle el miedo a nuestros propios vigilantes, a ser confundido, a tener cara de Mohamed o simplemente encontrarnos a un héroe policial con un mal día.

A poco más de un mes de su ejecución, Jean Charles de Menezes ha demostrado que esa oración tan recurrida por los que suelen acomodarse ante cualquier abuso de poder resulta, hoy día, más falsa que nunca. No es cierto que en este mundo más seguro, ”el que no la debe no la teme”, no lo es al menos… Si se tiene cara de Mohamed.