La madre acude a su interlocutora para preguntar cosas que no termina de entender. Al fin su hijo le ha soltado a la cara lo que ella sospechaba, pero no se lo ha dicho de la manera que esperaba no, simplemente ha confirmado sentirse emocionalmente y sexualmente atraído por ambos sexos.

La madre estaba medianamente preparada para la homosexualidad de su hijo e inclusive para aceptarla aún cuando la considerara “una desviación” pero ¿ambos sexos? ¿eso cómo se come?. La madre se queja por que su hijo no confía en ella. Y si confía contándote lo que siente, si te habla de sus inclinaciones —piensa la interlocutora— habrá más motivo para la tragedia, siempre habrá motivo para la tragedia. La interlocutora calla lo que piensa porque sabe que no servirá de nada decirlo.

—Hace rato que le pregunto si tiene alguna "desviación" y no ha querido confiar en mi —se queja la madre—. Ahora me sale con esto, lo que pasa es que no quiere asumirse.

Acabáramos, la interlocutora no se aguanta más. Es difícil callar cuando comienzan a tocarte las narices con ciertas afirmaciones.

—No le has preguntado por su condición sexual —dice interlocutora calmadamente— le has preguntado por su desviación. La condición sexual no es una desviación, deberías saberlo a éstas alturas de la vida. Si le llamas desviado de entrada, no puedes esperar a que confíe en ti. El sabe que no es ningún desviado y que por ti hablan los prejuicios.
—Hija que quieres —dice la madre en tono lastimero— para mi es una desviación, o es calvo o tiene pelos cómo van a gustarte los dos sexos.

Interlocutora piensa lo que jode la teoría de género pero se calla, que si la bisexualidad está causando este barullo en la cabeza de la madre, no quiere pensar en lo que pasaría si su hijo fuera, por ejemplo, mujer transexual y a la vez lesbiana.

—De todas maneras, el ya sabe que lo aceptaré como sea. Se lo he dicho
—Claro, claro —dice interlocutora con fastidio— le aceptarás a pesar de ser un desviado. Lo aceptarías aunque fuera Jack the Ripper… Leñes, vaya consuelo. Si es que tu hijo debería saltar de entusiasmo con “tu aceptación”, no entiendo como no confía en ti… No lo entiendo.
—Es que… ¿Que es eso de atracción física y emocional por ambos sexos? —insiste machacona, hay que joderse— Eso no es posible.
—Ya, ya… O te gustan las letras o las matemáticas, no te pueden gustar las dos cosas. Pues mira, esta semana he conocido a una matemática que mola… Calcula la letra del DNI sin programa informático y escribe textos de moscas en la garganta que bien podría animarse a publicar. Alguien debería decirle a esa tía que lo hace mal, que la vida son letras o matemáticas pero las dos cosas ¡Ni de coña! Vamos —la interlocutora ya comienza a sacar su internacionalmente conocido mal genio— no fastidies.
—Esa no es una comparación válida, no se trata de eso
—Ni tampoco de calvos o con pelos —responde la interlocutora, tratando de volver a la calma—, la vida es bastante más compleja que eso. Tienes 30 años de desfase, a ver si te pones al día.
—Vale —dice la madre— tendré que aprender, tendré que buscar información porque no lo entiendo.
—Te pasaré alguno que otro texto —reacciona con rapidez la interlocutora pensando que si no le pasa alguna literatura decente seguro le da por leer a Aquilino Polaino o Charles Socarides— pero mejor escucha a tu hijo.

La madre sigue diciendo unas cuantas tonterías más pero la interlocutora no la escucha. Porque la interlocutora es disléxica y con problemas de atención, así que tiene que hacer mucho esfuerzo para mantener el interés en un tema. La interlocutora ahora se limita a pensar que la madre había recurrido a ella porque sabe que ella también es bisexual. La interlocutora ha esperado que la madre del chico toque también el tema de su sexualidad. Espera a que le pregunte aquello que sabe ha estado intrigando a la buena mujer por mucho tiempo: el porqué la interlocutora “no se define”, como si ser bisexual fuera asunto de indefinición. Pero no, la madre prefiere jugar el cómodo juego de la ignorancia y la interlocutora se pregunta porque juega el mismo juego cuando ella va por la vida con la palabra bisexual como segundo apellido en la tarjeta de presentación y tiene un blog cuya dirección conoce todo el mundo incluyendo esta mujer que sigue hablando a lo lejos.

Y cuando la interlocutora va a cortar su monólogo para decirle que a ella también le gustan las matemáticas y las letras, buscando acabar con la charada de una vez por todas, la madre termina su discurso.
—Está bien, entiendo que tengo que hablar con él, que tengo que aprender a entender la bisexualidad. Tal y como se presenta la cosa parece que es un gen familiar que habrá que aceptar.

Ok sister, piensa la interlocutora, dejémoslo así. Supongo que hoy tu cerebro ha asimilado bastante y yo no tengo vocación docente, aprende por ti misma.


PD: Una parte de éste relato es ficción, el resto no. A mi me gustan las letras aunque lamentablemente siempre se me dieron mal las matemáticas, es una lástima, me habría gustado que se me dieran bien...

DIVAGANDO

¿Qué mejor para comprender un país que cuidar de sus futuros votantes? Pero no son sólo los futuros votantes, también están sus papás. Onthedot (aupairbollo) viaja como aupair al corazón de la América profunda y aterriza en una casa conservadora para vivir junto a ellos la reelección de Bush y otras irrealidades. Sólo un problema, ¿admitirían que una chica lesbiana cuide de sus vástagos? Mientras Onthedot halla la respuesta a esto, escribe en forma de diario y en clave de humor sus vivencias.

Diario de una aupair bollo en USA
Asia Lillo, Editorial Egalés

Se preguntarán porque me ha dado ultimamente por reseñar libros. Libros de bolleras para ser precisa... Es muy simple, tanto Aupair bollo como las bloqueras del libro ¿De otro planeta? (donde también escribe la Aupair) son verdaderas cracks y leerlas ayudará a quitar telarañas de las cabecitas.

En fin que si están en Madrid este miércoles no dejen de acudir a la presentación del libro de la Aupair, toda una leyenda de la blogosfera, ahora en un libro para llevar ahí... Donde no hay internet.

El lugar: Libreria Berkana en la calle Hortaleza 64
El miércoles 21 de junio a las 20 horas.