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La Coctelera

ORGULLO TRANS

Hoy debería colgar un post sobre el Orgullo Gay en general. Prefiero remitirme a los que ya encontramos en la blogosfera como el de Hester Prynne en la Letra Escarlata , excelente como siempre. Por mi parte tengo poco que añadir a mi post del año pasado, a pesar de la normativa legal las telarañas ajenas que me hicieron escribirlo continúan intactas.

Este día yo prefiero hablar de Gerardo, un nombre ficticio para una persona tan real como otra cualquiera. Hoy mi Orgullo, es exclusivamente Orgullo Transexual y Transgénero.

Gerardo es caraqueño. Cuando lo conocí ya se había graduado de sociólogo. Calva incipiente, barba cerrada, pequeño, de muy buen cuerpo y una voz algo aflautada. Era un sujeto fantástico Gerardo que no ejercía su carrera y trabajaba de artesano vendiendo sus creaciones en la calle. En realidad a Gerardo le habría encantado ejercer su profesión pero era imposible. Su documento de identidad decía Gisela y el hombre de barba cerrada, calva incipiente y cuerpo atlético con nombre y documentos de identidad femeninos, sólo conocía la barrera impuesta por los prejuicios.

Desde el mismo momento en que conocí la historia de Gerardo, sólo pude sentir admiración por él. Es difícil no respetar a un chico que tuvo el valor de pasar por el largo tratamiento que precede a una operación de cambio de sexo e inclusive someterse a la operación misma durante su paso por la Universidad, afrontando las consecuentes reacciones de los intolerantes de siempre.

Su historia acentuaba más la ironía de su situación legal. Por un lado la sanidad pública ofreciendo la posibilidad de este tipo de cirugías y por otro la burocracia institucional que le condenaba a estar atado un género que no era el suyo más que por un accidente natural. Y es que en Venezuela ni siquiera se ha podido llegar al paso elemental de obtener la reasignación legal de sexo despues de someterse a la cirugía lo que mantiene a los transexuales en un verdadero limbo jurídico. Como mucho un pequeño subterfugio: La rectificación de la Partida de Nacimiento, algo que soluciona poco y que no todos los Jueces admiten.

Cómo digo Gerardo podría decir Tamara Adrián, abogada exitosa y profesora universitaria que legalmente está obligada a llamarse Tomás. Tras ellos otros menos notables o afortunados. Los excluídos por el propio sistema educativo que ni siquiera han acabado los estudios básicos, los que malviven con un empleo de tercera, las que no ven otra salida a la prostitución, las que caen en las redadas brutales de la policía, los que son vejados, golpeados... asesinados impunemente.

Yo espero que la normativa que se aprobará a finales de año en España sirva de ejemplo para que el gobierno de Venezuela que ha mostrado públicamente la disposición de establecer las bases legales para el reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales, impulse una Ley verdaderamente acorde con la realidad del colectivo transexual y transgénero. No soy optimista, lo que he leído hasta ahora denominado proyecto de Ley para la Igualdad y No Discriminación por Orientación Sexual. Me parece un panfleto inútil desde el punto de vista de la consecución de derechos y en algunos de sus párrafos, verdaderamente indignante. Pero prefiero esperar a que mis amigos en Venezuela me aclaren si este es el verdadero proyecto de Ley o me han hecho llegar un texto de broma.

En todo caso ninguna ley servirá de mucho si no se procede a educar en la tolerancia y el respeto a la diferencia, si no se limpian los cuerpos de seguridad de actitudes homófobas, si no se acaba la impunidad. Yo quiero dar el beneficio de la duda. Sinceramente espero que Venezuela dé un paso adelante en materia de derechos LGBT.

Es un deseo para mi paisito porque los Gerardos, las Tamaras y otros tantos, han esperado bastante. No se justifica que por un simple documento se les someta al permanente conflicto de ser una contradicción para una sociedad que poco sabe ver más allá de las formas, empeñándose en negar que lo único verdaderamente respetable es la convicción de un ser humano que sabe, indefectiblemente, que está atrapado en una identidad sexual que no es la suya.

Asuntos privados

Esta mañana después de desayunar, entre mi ex y yo se generó una conversación sobre diversidad sexual, teorías de género y visibilidad. Planeábamos el viaje del 1ro de julio a Madrid y una cosa llevó a la otra. De repente ahí estaba el reproche: “Es una lástima que ésta forma de pensar no la tenías cuando tu y yo éramos pareja”. No me hizo gracia por supuesto, no soy precisamente del tipo de personas que acoge bien las críticas. Admito que soy de reacción tardía cuando se trata de asuntos que atañen a mi comportamiento.

Aunque no lo esperaba, el reproche era justificado en gran medida. Si bien no ha cambiado tanto mi forma de pensar sobre todos estos temas tal y como piensa mi ex-compañera, es verdad que no siempre me he atrevido a vivir en concordancia con mis convicciones. Por mucho tiempo y de acuerdo a mi conveniencia, basada en ciertas ambiciones profesionales y políticas, mantener la imagen políticamente correcta y mi sexualidad en el ámbito de “lo privado” me parecía la opción más adecuada. Así fui hilando fino, tratando de vivir con cierta dosis de honestidad pero dejando en “lo privado” buena parte de mi vida. Tratando de no mentir pero sin llegar a decir completamente la verdad más allá de aquellos con los que solía compartir mi cama (engañar a alguien con quien me acuesto nunca se me ha dado bien). Vivir en un país en el que la doble moral, la doble vida y la actitud de “todos saben pero nadie se entera” es casi la norma, supongo que también contribuyó a mantenerme dentro de ciertos esquemas.

Y este comportamiento se te va quedando, lo arrastras en tu vida cotidiana, lo trasladas a tu vida de pareja aunque te encuentres a miles de kilómetros de distancia haciendo algo completamente distinto. Un día te encuentras, literalmente, machacando a la persona con la que compartes tu cama. Y no se trata de estar dentro del armario. Los armarios habían quedado medianamente lejos aunque en las formas sea como estar dentro de ellos. Se trata de buscar el comportamiento correcto. Se trata de que si lo eres, lo importante es no parecerlo. Se trata de obsesionarse por la imagen, por la apariencia, por el “saber estar” (como si de verdad una tuviera la clave del “saber estar” para tratar de imponer esa clave a otra persona).

Más tarde o más temprano (soy tremendamente frívola así que en mi caso fue más temprano que tarde) comienzas a sugerir la forma de vestir, tratas de imponer maquillaje o cortes de pelo, pendientes o collares, “no metas las manos en los bolsillos de esa manera”, “¿No se ve mejor si bebes la cerveza en una copa en vez de tomarla directo de la botella?”. Y la persona que está a tu lado va sintiendo la frustración de no sentirse aceptada, de que se le quiere cambiar por una imagen que nada tiene que ver con ella. Entonces haces sufrir pero cargada de “buenas intenciones”, por su bien y por lo que le conviene, claro está. Todo en aras de lo políticamente correcto, cediendo a los patrones que impone una sociedad homófoba a la que terminas haciendo el juego, creyendo de manera estúpida (es lo que tiene ser tan arrogante) que eres tu quien fija las pautas.

Hey Duck, cambiar suele ser un proceso lento y aunque no lo creas comencé a cambiar estando aún contigo. Estando contigo terminé de aceptar que ya no me interesaba regresar a mi país para dedicarme a cierta actividad política si la misma equivalía a vivir de cara a la galería, hacer siempre lo políticamente correcto y por sobretodo, volver a vivir mi condición sexual como un “asunto privado”. Estando aún contigo recordé lo que en principio era la única forma que entendía de asumir la vida y que más tarde el mundo de las conveniencias me fue haciendo dejar de lado. La honestidad si no comienza contigo misma simplemente no existe y yo había dejado de ser honesta conmigo desde hacía mucho tiempo.

Si bien es cierto que la relación que inicié justo después de nuestra ruptura me hizo ver de una manera brutal todo aquello que ya no podía volver a vivir por mucho que amara a esa persona, el proceso de recuperarme a mi misma comenzó estando aún contigo aunque nunca antes te lo haya dicho. Y si ahora vuelvo a manifestar algo de ese antiguo activismo honesto y sin ambiciones. El que se realiza sin esperar a subir en la escala de un partido político ni mucho menos formar parte del engranaje de poder, en buena medida lo debo al tiempo que estuve cerca de ti y de tu forma sencilla de ver lo que otros no somos capaces de ver.

Vuelvo, poco a poco, a ser aquella que era capaz de caminar junto a una amiga 15 km despues de hacer tres horas de autobús, en una noche oscurísima con un calor aberrante, sólo para grabar las protestas de un grupo de campesinos por su derecho a la tierra (espero no dejarme las benditas pilas de las cámaras como en esa ocasión). Vuelve a ilusionarme la idea de un documental, a ilusionarme el cine en vez de una hipoteca y tres tarjetas de crédito, a viajar sin fechas ni itinerario fijo, a equivocar la línea de metro y a perder los trenes. Ya sólo quiero ir a Venezuela para tomar un trago con los amigos, divertirme en una película de bajo presupuesto, volver a abrir mi cuenta de favores o visitar quien sabe que tepuyes. Vuelvo a ser medianamente feliz.

Por contra dudo que pueda hacerme rica pero tampoco es que ahora estuviera haciéndome precisamente rica y si una firme candidata al Prozac para desayunar y el Rohypnol para cenar.

Por mucho que quiera borrar lo malo de nuestra convivencia como pareja, lo hecho, hecho está y no tiene remedio. Puedo tan sólo seguir adelante tratando de no cometer los mismos errores con quien quiera que se cruce en mi futuro. Puedo ofrecerte excusas y explicaciones pero las has oído todas. Puedo en todo caso, hacer lo que nunca he hecho, agradecerte por ayudarme a encontrar a una que fui hace mucho tiempo. Esa que se había perdido entre producciones y cócteles, entre conveniencia y burocracia, entre la media verdad y la mentira más absoluta.

A lo mejor nunca entenderás lo mucho que te debo, pero sé que sabes lo mucho que te quiero, no sólo como lo mejor de todas mis exparejas hombres o mujeres, no sólo porque de todos eres quién más me ha respetado, sino porque eres la mejor amiga que jamás haya podido tener.

Gracias por lo bueno y por lo malo. Gracias simplemente por estar ahí siempre que necesito un abrazo o hasta para cabrearte cada vez que tengo alguno de mis históricos despistes.

Eres grande pero por supuesto, esto no lo volveré a decir, faltaría más. No te acostumbres que no suelo tener momentos ñoños todos los días. Ahora me afecta una epidemia de ñoñería que se ha expandido en la blogosfera, pegajosa y tenaz, como el chapapote del Prestige.

Letras y matemáticas

La madre acude a su interlocutora para preguntar cosas que no termina de entender. Al fin su hijo le ha soltado a la cara lo que ella sospechaba, pero no se lo ha dicho de la manera que esperaba no, simplemente ha confirmado sentirse emocionalmente y sexualmente atraído por ambos sexos.

La madre estaba medianamente preparada para la homosexualidad de su hijo e inclusive para aceptarla aún cuando la considerara “una desviación” pero ¿ambos sexos? ¿eso cómo se come?. La madre se queja por que su hijo no confía en ella. Y si confía contándote lo que siente, si te habla de sus inclinaciones —piensa la interlocutora— habrá más motivo para la tragedia, siempre habrá motivo para la tragedia. La interlocutora calla lo que piensa porque sabe que no servirá de nada decirlo.

—Hace rato que le pregunto si tiene alguna "desviación" y no ha querido confiar en mi —se queja la madre—. Ahora me sale con esto, lo que pasa es que no quiere asumirse.

Acabáramos, la interlocutora no se aguanta más. Es difícil callar cuando comienzan a tocarte las narices con ciertas afirmaciones.

—No le has preguntado por su condición sexual —dice interlocutora calmadamente— le has preguntado por su desviación. La condición sexual no es una desviación, deberías saberlo a éstas alturas de la vida. Si le llamas desviado de entrada, no puedes esperar a que confíe en ti. El sabe que no es ningún desviado y que por ti hablan los prejuicios.
—Hija que quieres —dice la madre en tono lastimero— para mi es una desviación, o es calvo o tiene pelos cómo van a gustarte los dos sexos.

Interlocutora piensa lo que jode la teoría de género pero se calla, que si la bisexualidad está causando este barullo en la cabeza de la madre, no quiere pensar en lo que pasaría si su hijo fuera, por ejemplo, mujer transexual y a la vez lesbiana.

—De todas maneras, el ya sabe que lo aceptaré como sea. Se lo he dicho
—Claro, claro —dice interlocutora con fastidio— le aceptarás a pesar de ser un desviado. Lo aceptarías aunque fuera Jack the Ripper… Leñes, vaya consuelo. Si es que tu hijo debería saltar de entusiasmo con “tu aceptación”, no entiendo como no confía en ti… No lo entiendo.
—Es que… ¿Que es eso de atracción física y emocional por ambos sexos? —insiste machacona, hay que joderse— Eso no es posible.
—Ya, ya… O te gustan las letras o las matemáticas, no te pueden gustar las dos cosas. Pues mira, esta semana he conocido a una matemática que mola… Calcula la letra del DNI sin programa informático y escribe textos de moscas en la garganta que bien podría animarse a publicar. Alguien debería decirle a esa tía que lo hace mal, que la vida son letras o matemáticas pero las dos cosas ¡Ni de coña! Vamos —la interlocutora ya comienza a sacar su internacionalmente conocido mal genio— no fastidies.
—Esa no es una comparación válida, no se trata de eso
—Ni tampoco de calvos o con pelos —responde la interlocutora, tratando de volver a la calma—, la vida es bastante más compleja que eso. Tienes 30 años de desfase, a ver si te pones al día.
—Vale —dice la madre— tendré que aprender, tendré que buscar información porque no lo entiendo.
—Te pasaré alguno que otro texto —reacciona con rapidez la interlocutora pensando que si no le pasa alguna literatura decente seguro le da por leer a Aquilino Polaino o Charles Socarides— pero mejor escucha a tu hijo.

La madre sigue diciendo unas cuantas tonterías más pero la interlocutora no la escucha. Porque la interlocutora es disléxica y con problemas de atención, así que tiene que hacer mucho esfuerzo para mantener el interés en un tema. La interlocutora ahora se limita a pensar que la madre había recurrido a ella porque sabe que ella también es bisexual. La interlocutora ha esperado que la madre del chico toque también el tema de su sexualidad. Espera a que le pregunte aquello que sabe ha estado intrigando a la buena mujer por mucho tiempo: el porqué la interlocutora “no se define”, como si ser bisexual fuera asunto de indefinición. Pero no, la madre prefiere jugar el cómodo juego de la ignorancia y la interlocutora se pregunta porque juega el mismo juego cuando ella va por la vida con la palabra bisexual como segundo apellido en la tarjeta de presentación y tiene un blog cuya dirección conoce todo el mundo incluyendo esta mujer que sigue hablando a lo lejos.

Y cuando la interlocutora va a cortar su monólogo para decirle que a ella también le gustan las matemáticas y las letras, buscando acabar con la charada de una vez por todas, la madre termina su discurso.
—Está bien, entiendo que tengo que hablar con él, que tengo que aprender a entender la bisexualidad. Tal y como se presenta la cosa parece que es un gen familiar que habrá que aceptar.

Ok sister, piensa la interlocutora, dejémoslo así. Supongo que hoy tu cerebro ha asimilado bastante y yo no tengo vocación docente, aprende por ti misma.


PD: Una parte de éste relato es ficción, el resto no. A mi me gustan las letras aunque lamentablemente siempre se me dieron mal las matemáticas, es una lástima, me habría gustado que se me dieran bien...

DIVAGANDO

¿Qué mejor para comprender un país que cuidar de sus futuros votantes? Pero no son sólo los futuros votantes, también están sus papás. Onthedot (aupairbollo) viaja como aupair al corazón de la América profunda y aterriza en una casa conservadora para vivir junto a ellos la reelección de Bush y otras irrealidades. Sólo un problema, ¿admitirían que una chica lesbiana cuide de sus vástagos? Mientras Onthedot halla la respuesta a esto, escribe en forma de diario y en clave de humor sus vivencias.

Diario de una aupair bollo en USA
Asia Lillo, Editorial Egalés

Se preguntarán porque me ha dado ultimamente por reseñar libros. Libros de bolleras para ser precisa... Es muy simple, tanto Aupair bollo como las bloqueras del libro ¿De otro planeta? (donde también escribe la Aupair) son verdaderas cracks y leerlas ayudará a quitar telarañas de las cabecitas.

En fin que si están en Madrid este miércoles no dejen de acudir a la presentación del libro de la Aupair, toda una leyenda de la blogosfera, ahora en un libro para llevar ahí... Donde no hay internet.

El lugar: Libreria Berkana en la calle Hortaleza 64
El miércoles 21 de junio a las 20 horas.

Crónica de un retorno incierto

Es un post escrito, borrado y vuelto a escribir. Todo este tiempo de ausencia he venido dándole vueltas a la idea de cerrar definitivamente el blog porque se aleja cada vez más del sentido que originalmente quise darle. Se trataba simplemente de un espacio para escribir chorradas, no quiero ir salvando vidas ni muchísimo menos salvando el mundo. Quiero ser frívola, quiero ser básica, quiero tener el encefalograma tan plano como el de mi primer novio o de mi tercera No novia (como se lee). Está claro que no puedo y no me queda más remedio que aceptar que este blog hace honor a su nombre y hace honor a lo que he sido casi toda mi vida, una tia rara que oscila entre la pureza y el arrabal más profundo.

Estos días de vacaciones imprevistas y por ello más agradables, además de conocer Segovia y a un grupo de mujeres 10, he descubierto que en realidad no quiero cerrar el blog y todo mi problema se basaba en que no sabía ya que hacer con él, qué escribir en él. Decido entonces que lo seguiré simplemente para ver hasta donde quiere llegar, dejaré que tenga vida propia y yo seguiré en la blogosfera al menos por los momentos. Despues de todo esta nueva división del mundo entre bloggers y los que no tienen idea de lo que el término significa, encaja en mi rareza.

Me ha gustado mucho recibir vuestros correos y comentarios (unos un poco raros y otros un poco acojonantes, todo hay que decirlo). Sin embargo, no creo que muchas de las opiniones respondan a lo que soy y si a una especie de imagen que este medio virtual ayuda a conformar. También me toca decir que algunos de esos correos y comentarios me hicieron sentir obligada a seguir una línea cuando en realidad no soy una persona constante en lo absoluto ni mucho menos tengo un pensamiento único. No quiero que se me malinterprete, la obligación ha sido autoimpuesta por que de vez en cuando suelo ser así de obsesiva (gilipollas encaja mejor pero quiero mantener cierta elegancia) y no por responsabilidad de los lectores de este blog que pueden seguir diciendo, como siempre, lo que se les pegue la gana.

En fin, sólo quiero decir que sigo escribiendo pero que no responderé a línea alguna sino a lo que me apetezca. Quiero que este blog siga de una vez su propio camino, navegue a la deriva o se hunda en una tormenta. Y a vosotros de nuevo gracias por estar ahí, por seguir comentando a pesar de que no actualizo a diario (por supuesto no prometo hacerlo, faltaría más) pero soy incapaz de hacerme a cualquier rutina, aún la de escribir, que suelo disfrutarla un poco más que cualquier otra obligación.

Gracias a Luz por creerme necesaria (tu correo me ha dejado una sonrisa), gracias arcoiris por tus comentarios. He seguido leyéndote aunque no lo parezca y cada vez que lo hago, vuelvo a tener ganas de enamorarme. Gracias sobretodo a el Pato por ser mis alas de vez en cuando (en la vida real, como está mandado) y a la otra plumífera que por los momentos prefiere no ser enlazada. Desde el principio supe que eras una blogger fuera de serie, luego he descubierto que eres un ser humano excepcional.

Me dejo ya de tanta ñoñería y me despido hasta mañana o pasado, quién sabe hasta la semana próxima, que supongo haré una crónica de un viaje de itinerario indefinido que termina este fin de semana dejándome un buen sabor de boca. He conocido gente fantástica y he disfrutado de las gatas caprichosas y mandonas.

PD. Mi intención de irme de La Coctelera sigue en pié, ya sólo faltaba esta invasión de popups (publicidad bastante inutil por cierto por los bloqueadores de ventanas).

No comments... O si...

Si Dios me hiciera una señal, como abrirme una buena cuenta en un banco suizo. Woody Allen: "La última noche de Boris Grouchenko"

El problema con mis enlaces me tiene un poco fastidiada y no me anima a escribir ultimamente. Es que siendo como soy, animal de costumbres, me cuesta decidir emigrar de La Coctelera. Mientras decido, prefiero el humor gráfico y elijo éste porque creo en la NO CENSURA por cualesquiera que sean los motivos, algo que los medios no suelen cumplir aunque ahora algunos se muestren defensores a ultranza de la libertad de expresión. Un buen ejercicio de hipocresía porque ése derecho siempre se ha ejercido "a la carta".


Ya me gustaría ser tan importante como para causar un "conflicto internacional", pero a esta menda solo la leen unas cien personas los días buenos y menos de la mitad el resto, que son casi todos. Así que puedo publicar lo que quiera que nadie podrá boicotear mis ventas (los diez euros que he acumulado en google durante 7 meses no creo que interesen demasiado) y cualquier otra amenaza sería una estupidez dada mi extrema insignificancia, que de no ser así, seguro la libertad de expresión de este Blog, sería tan "a la carta" como cualquier otra.

Eso si... Hay para todos. Que me gusta incordiar pero con justicia (vaya palabreja).


De todas forma yo prefiero seguir parafraseando a Buñuel: "ATEA, GRACIAS A DIOS"... Hoy más que nunca, visto como está el patio de las convicciones religiosas.

Y quien sabe, si un ser supremo existiera, el de los unos o el de los otros, el resultado sería éste:

NO QUIERO UN LAZO ROJO

Iba a escribir un post muy documentado, serio, cargado de citas y de enlaces pero no me sale… En realidad no quiero escribirlo. Porque desde los 80 hasta ahora, el tema del SIDA sólo puedo abordarlo desde la rabia. La rabia del inicio. La impotencia de ver morir a los amigos, el dolor por el prejuicio y la ignorancia que en algunos casos les obligó a morir solos en la fría habitación de un hospital, sin el apoyo de los amigos de siempre, porque una "muy decente familia" consideró que había una vergüenza que esconder.

Más rabia y más impotencia ante el estigma que significaba ser portador del virus a causa de la ignorancia, la estrechez mental y los prejuicios que podían desde, arrebatar trabajos hasta negar el más elemental auxilio, no sólo por ser portador de un virus sino por, horror de los horrores, ser homosexual. Daba igual que no lo fuera porque dos de cada tres personas estaba dispuesta a creer que el SIDA era solo cosa de maricones.

Impotencia porque veintiun años después el panorama no sólo no ha cambiado (todavía hay mucho tonto asociando en exclusiva, homosexualidad y SIDA), sino que ha empeorado considerablemente gracias a los mismos… Siempre los mismos y su estrategia de desinformación buscando controlar nuestra vida privada e imponer sus estrecheces en nuestras camas. Rabia al pensar en el jugoso negocio de la industria farmaceútica con sus cócteles retrovirales para sociedades y personas que puedan pagarlos y su enorme mezquindad para aquellos cuya pobreza y color de piel les hace prescindibles por millones.

Y todo eso desemboca en una frustración monumental porque buena parte de las trece mil personas que se contagiarán hoy, podrían evitarlo con el simple uso del condón. Y esa frustración da paso de nuevo a la furia cuando me encuentro con esas “fuentes de información desinteresadas”, financiadas por los intransigentes, que con un lenguaje pseudo científico proponen estupideces como la abstinencia mientras sin empacho alguno, son capaces de igualar a homosexuales con violadores. Y ya no tengo más estados de ánimo cuando pienso que el imbécil que gobierna en Washington una vez más reducirá los fondos de las organizaciones que promueven el sexo seguro para dejarlo a las “muy decentes” organizaciones de la derecha más rancia que pretenden obligar a la purísima abstinencia, mientras el incremento de los contagios sube en relación proporcional a la estupidez del Sr. Bush.

Por supuesto me quedo con encefalograma plano cuando pienso en Ratzinger mintiendo como bellaco sobre supuestos éxitos de las campañas de abstinencia que claramente quedan en evidencia por las cifras que muestran el escandaloso crecimiento del contagio desde que muchos se han empeñado en cambiar el condón por una virtud de pacotilla, tan de pacotilla como la de éste habitante del Vaticano capaz de proteger a pederastas mientras saca manifiestos en contra de los homosexuales, capaz de decir que España y el Gobierno de Zapatero son el mayor problema de occidente para su Iglesia, mientras las cifras de nuevos contagios suben en Europa como la espuma por no hablar de América Latina otra zona de influencia occidental. Pero claro a Ratzinger que hasta las catástrofes naturales parecen pesarle menos que el Gobierno de Zapatero, no le debe quitar el sueño lo que pueda pasar con una panda de pecadores en su mayoría paganos de piel oscura y sí, el concierto de tres mil millones de euros que España mantiene con la Iglesia, aún en contra del criterio europeo y de la mayoría de sus ciudadanos. En fin… Siempre es bueno ver como la miseria humana se queda desnuda a la vista de todo el que quiera verla.

Y no quiero escribir más, porque a pesar de lo mucho que podamos culpar al fundamentalismo por el aumento de las cifras de contagio, todos somos culpables. Por bajar la guardia, por no reclamar a nuestros políticos el abandono de las campañas de prevención, por callarnos, por cómodos, por sentirnos a salvo en nuestro pequeño espacio. África está lejos, Latinoamérica está lejos, hasta nuestros pobres cercanos están lejos y en ése cómodo desconocimiento no nos hemos dado cuenta de que hemos retrocedido a tiempos en que nadie estaba a salvo de caer por ignorancia. Sólo basta oír a un joven cualquiera del barrio vecino o del piso de al lado para enfrentarnos a la cruda realidad.

Hoy hemos visto por doquier el conocido lazo rojo, sobretodo aquellos a los que les gusta el arte de figurar. Yo he decidido no llevarlo nunca más. No me interesan los símbolos, ni aún éste que me toca tan de cerca. El mismo que solíamos ver muy a menudo y que ahora casi se reduce a una gala anual o una pieza del vestuario de las figuras de la tele. Una vez al año para recordarnos lo que pareciera que muchos, en especial aquellos que tienen la responsabilidad en la toma de decisiones, quieren olvidar: Cuarenta millones de infectados en el mundo. Más de tres millones de infectados cada año en África y de ellos casi el 50% jóvenes entre 15 y 25 años. El 90% de las nuevas infecciones se producen en los países con más pobreza. Un porcentaje similar de nuevos infectados desconocen que son portadores, el 70% de los contagios —sorpréndase si usted aún mantiene clichés en su cabecita— se produce en las relaciones heterosexuales. Mientras usted lee este post más de cien personas están infectándose en cualquier lugar del mundo… Se lo digo, por si todavía le preocupa la gripe aviar.

Dedicado a Jorge, al otro Jorge, a Rafa, a Juan, a David, a Darío, a Guillermo y a los casi diez millones de personas, contadas oficialmente, que han muerto víctimas del SIDA, desde los años 80 hasta nuestros días.

¿La Coctelera responde alguna vez?

Es sólo una pregunta que hago a los demás. He rellenado al menos cuatro veces el formulario de ayuda de La Coctelera por un problema (ocasionado, debo admitir, por un error que yo he cometido) con mi panel de control y no hay manera... Tres semanas esperando a una respuesta que no llega. Mientras, me planteo seriamente la necesidad de cerrar el Blog y abrir otro, con cualquier otro proveedor que permita acceder al código de la plantilla, simplemente porque no puedo corregir un error en mi sección de Enlaces...

¿Alguno de los que me leen ha solicitado ayuda al equipo de La Coctelera y ha recibido respuesta?

MALDITO SEXO ORAL, BENDITO SEAS...

"Nunca pierdas la oportunidad de practicar sexo o salir en televisión", Gore Vidal.

Leo en 20 Minutos que un estudio de la Facultad de Odontología de la Universidad de Malmo en Suecia, concluye que el sexo oral aumenta el riesgo de contraer cáncer en la boca por algo relacionado con el VPH.

He escrito en ocasiones anteriores que, para estos temas, en mi caso la ignorancia es un estado de gracia. Sin embargo me parece que aquellos resultados suecos están impregnados de una insoportable moralina que se aleja de todo rigor científico. Sin ir más lejos, sólo hay que leer la recomendación del jefe del equipo investigador:

“el dentista e investigador Kerstin Rosenquist, responsable del estudio, recomienda que el cunilingus y la felación sean desterrados de nuestra vida sexual”.

Al parecer este reputado dentista no se ha enterado que existen métodos de protección para casi cualquier cosa que quieras hacer en materia sexual (en ese tema si estoy más puesta, fíjense...) máxime cuando los argumentos que esgrimen, al menos los que se leen en el artículo en cuestión, podrían ser utilizados para todo contacto sexual y no sólo aquel en el que está involucrada la boquita. Pero bueno, en otro tipo de relaciones sexuales se suelen hacer los bebés y ni modo que nos condenemos a la extinción que si no, en esta manía de suprimirnos cosas ni siquiera el polvo reproductivo nos querrán dejar. Recordemos que la reproducción es la única justificación para el sexo en cierto tipo de mentalidades que no por ser científicas, pueden ser menos tontas… Así que ya lo saben, nada de cunnilingus, vade retro fellatio, que este señor dentista ha apostolado sin necesidad de sotana.

Voy un poco más allá en el artículo y me encuentro la siguiente perla:

Los principales factores que contribuyen a provocar el cáncer de boca son normalmente el tabaco y el alcohol y está más extendido en hombres de avanzada edad. Pero recientemente se ha producido un aumento del cáncer de boca entre la gente joven, por lo que se podría relacionar al "virus de las felaciones" con este rejuvenecimiento de los pacientes

Confirmado, el virus de la moralina y quien sabe si de la estupidez, impregna este estudio sueco. Porque digo yo... Con esos argumentos, el aumento puede estar relacionado también con un dentrífico o quién sabe, el ingrediente perverso de algún chupachups, pero no... El causante es el "virus de las felaciones".

Por otra parte a veces me pregunto (yo es que me la paso preguntándome gilipolleces) si de verdad este "crecimiento inusual" de las relaciones sexuales entre adolescentes es un hecho o simplemente antes no hacían tantos estudios sobre sexualidad entre adolescentes —al menos no recuerdo haber leído tantos informes de este tipo cuando yo era adolescente— y por eso nadie se enteraba de lo que muchos hacían cuando mami y papi no estaban observándoles. En todo caso, ya lo saben chicos, el sexo oral mata, como el tabaco, como la droga, como cuando atraviesas una calle y de repente se aparece un coche con Farruquito al volante. La advertencia está dada por parte de estos prestigiosos odontólogos suecos y a lo mejor conviene no ignorarla.

Así las cosas, buscando en el hilo de los comentarios a esta noticia leo uno que me hace buscar en Google (como no) y encuentro este artículo del año 2003, sobre un estudio realizado por médicos de la Universidad de Carolina del Norte, que arroja como resultado que el sexo oral (otra vez) ayuda a prevenir el cáncer de mamas.

Acabáramos. Ahora sí, la cosa se pone seria, al menos para las mujeres. Definitivamente no tenemos salida: si practicamos el sexo oral cáncer de boca y si no lo practicamos cáncer de mama. Así que ya puestos en este dilema mortal me atrevo a deducir, con estricta rigurosidad científica, que en materia de sexo mejor hacer lo que le apetezca al cuerpo. Debe ser triste morirse sin haber probado una que otra cosa placentera. Eso supongo… Porque a estas alturas de mi vida ya es imposible comprobarlo. En ese aspecto al menos, moriré medianamente contenta.

DISCULPAS:
Viendo lo peligroso que resulta referirse de cualquier manera que no sea una alabanza a ese prodigio de los micrófonos que es Federico Jimenez Losantos. Prefiero poner mis barbas en remojo y aunque este blog no lo leen sino los cuatro gatos de siempre, por lo que dudo que el brazo santo de la ley tan siquiera se preocupe por alcanzarme. Ofrezco disculpas por haber llamado a FJL, pequeñín miserable. Me desdigo. Federico no es un pequeñín, su estatura está más bien dentro de la media...